Qué hacer en las primeras 48 horas tras un siniestro vial
Orden, plazos y documentación que conviene asegurar antes de que pasen los días
Las primeras horas después de un choque rara vez se parecen a lo que uno imaginaba. Hay ruido, hay apuro, hay alguien del otro lado que también está nervioso. Y en medio de eso, la cabeza empieza a pedir cosas concretas: qué firmar, a quién llamar, qué guardar. Este artículo no resuelve el reclamo, pero sí propone un orden razonable para que la información no se pierda ni se mezcle con versiones que aparecen después.
La primera decisión importante no es legal, es práctica: mover o no mover los vehículos. Si no hay heridos y el tránsito lo permite, muchas jurisdicciones esperan que se despeje la calzada. Antes de hacerlo, conviene fotografiar la posición de cada vehículo, los daños visibles, las marcas en el asfalto y cualquier señal o semáforo cercano. Esas imágenes son el registro más honesto de lo que había en el lugar y no se pueden reconstruir más tarde.
Después viene el intercambio de datos con la otra parte. Nombre completo, documento, teléfono, patente, compañía de seguro y número de póliza si lo tiene a mano. Si hay testigos, aunque parezca incómodo pedirlo, vale la pena anotar un nombre y un contacto. No se trata de desconfiar de nadie: se trata de que, si en dos semanas las versiones cambian, exista algo más que la memoria de los involucrados.
La constancia policial es otro punto que suele generar dudas. En siniestros con daños materiales solamente, no siempre es obligatoria, pero sí ayuda a fijar hora, lugar y circunstancias con una fecha cierta. Si hubo lesiones, la intervención policial y la atención médica dejan un rastro documental que después pesa. Guardar copias, números de actuación y nombres de quienes intervinieron ahorra tiempo más adelante.
Avisar a la aseguradora propia también entra en esa ventana. Cada compañía maneja sus propios canales y plazos internos, y conviene revisar la póliza antes de llamar para saber qué se está obligado a declarar y qué no. La denuncia no cierra el caso: lo abre. Lo que se declare en ese primer contacto suele quedar en el expediente, así que vale la pena escribirlo antes, con calma, en lugar de improvisarlo por teléfono.
Un cuaderno o una nota en el teléfono con la secuencia de lo ocurrido, los daños que se ven y los que aparecen al día siguiente, los nombres de las personas involucradas y los comprobantes de cualquier gasto inmediato (grúa, remís, consulta médica) termina siendo más útil de lo que parece. Nada de eso promete un resultado, pero deja el caso mejor documentado desde el inicio, que es lo único que está bajo control propio en esos dos días.
Si el siniestro involucra una moto o un vehículo de trabajo, el orden cambia un poco: aparece la necesidad de justificar la interrupción de la actividad y de reunir comprobantes que no siempre se guardan. En esos casos conviene anotar desde el primer día qué se dejó de hacer y por qué. Es información que después cuesta reconstruir y que, sin embargo, suele ser parte central del reclamo.